Historia de la Congregaci贸n

Las Hermanas Siervas del Inmaculado Corazón de María Immaculata, Pennsylvania
El origen de la Congregación se remonta al siglo XIX, en Monroe, Michigan, cuando el reverendo Louis Florent Gillet, un misionero Redentorista, fundó una congregación de religiosas para atender las necesidades educativas y espirituales de sus fieles dando testimonio de oración, humildad, de un desprendimiento de sí mismas y de un amor y respeto profundo hacia cada persona.
El 10 de noviembre de 1845, el Padre Gillet dio la bienvenida a tres mujeres: María Theresa Maxis, que luego fue conocida como Madre M. Theresa, Carlota Ann Schaaf, (Hermana M. Ann), y Therese Renauld, (Hermana M. Celestine) para empezar una comunidad basada en el espíritu de San Alfonso Liguorio.
En 1858, aceptan la invitación de Mons. John Neumann, entonces Obispo de Filadelfia, haciéndose cargo de la Escuela de San José, en Susquehanna, Pennsylvania. En 1859, se emprendió una segunda misión en Reading, Pennsylvania. En corto tiempo muchas aspirantes trataron de unirse a las Hermanas, por lo que se estableció una Casa Madre en lo que ahora es la parroquia de San Pedro en Reading. La tercera y división final de la Congregación fue en agosto 1871, cuando el Reverendo William O’Hara, Ordinario de la Diócesis de Scranton (1868), preguntó a varias de las Hermanas, que ya enseñaban dentro de sus límites diocesanos, la posibilidad de formar una nueva Casa Madre en Scranton, Pennsylvania.
En 1872, la Casa Madre fue trasladada de Reading a West Chester, Pennsylvania, debido al aumento de vocaciones religiosas. Permaneció en ese lugar hasta 1966, cuando la presente Casa Madre, Villa Maria House of Studies, fue construida en Immaculata, Pennsylvania. Hoy aproximadamente mil Hermanas comprenden la rama de Immaculata de las Hermanas Siervas del Inmaculado Corazón de María; que actualmente regentan escuelas en los estados de Pennsylvania, Nueva Jersey, Connecticut, Virginia, Georgia , Florida, y en los países sudamericanos de Perú y Chile.
Las Hermanas trabajan en el apostolado corporativo de la Congregación, la educación católica así como en el área de pastoral, en los ministerios hospitalarios y de prisión, y han instaurado los programas de consejería, de educación para adultos enseñándoles a leer y escribir, programas de espiritualidad para adultos, el cuidado del hogar, de los enfermos, trabajo de retiros y el ministerio en el campus universitario. En sus vidas y en sus trabajos, ellas se esfuerzan por continuar ofreciendo alabanza, amor, y acción de gracias al llevar a cabo el mandato de Jesús, el Redentor, "Vayan y enseñen a todas las naciones."